"No vayas a creer lo que te cuentan del mundo (ni siquiera esto que te estoy contando) ya te dije que el mundo es incontable" - Benedetti
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domingo, 4 de enero de 2026
Fascismo del Siglo XXI
jueves, 18 de enero de 2024
Why we should care about Indigenous languages
Back in 1921, Edward Sapir suggested that the relationship between language and thought was more complex than we imagined.
Indeed, we now know that language is not merely a means of communication. It is much more than that. Language is “the mold of thought.” It is the symbolic system through which we think and experience our human world. We make sense of every aspect of our human reality through concepts, which are codified in language: love, hate, success, war, life, death, friendship, motherhood, good, evil, and so on.
Each unique language constitutes a distinct way of existing in the world and carries its own distinct set of interpretations of reality. For instance, the word “love” in English, does not necessarily convey the same meaning as its equivalent in Yucatec Mayan (yaakunaj) or in Anishinaabe (zaagi'idiwin). Each of these concepts carries specific connotations that will affect the way love is experienced by that community of speakers.
Reality itself seems to be different depending upon the language that we use to interact with it. Languages like English and Spanish have two distinct words for the verbs “to want” (querer) and “to need” (necesitar). However, in the Halq’eméylem language these seemingly different realities are expressed in one single word (stl'í).
The same is true for the Nahuatl language, in which “to want something” or “to need something” is conceptualized as one and the same reality, and thus, there is only one word for it (neki). Certainly, for the native speakers of these languages, it makes no sense to want something that you don’t need, or to need something that you don’t want. It is linguistically not possible.
Indigenous languages share a deep connection to the land and territory. Many Indigenous languages conceptualize the natural world as a living entity that interacts with our human world in much the same way as one would interact with the sacred and the divine. In the Nahuatl language, for instance, the words for stars (sitlalin), mountains (tepetl), trees (kuawitl), and other elements of Nature are inflected in the same way as words associated with the human world. Nature is thus conceived as a living entity.
Unfortunately, this diversity of human experiences and worldviews encoded in Indigenous languages is ever more at risk of disappearing. The number of speakers of Indigenous languages is rapidly declining due to the common history of colonialism that has violently afflicted the nations of this continent. In Canada alone, the Endangered Languages Project identifies 73 different languages at risk, of which almost half are native to B.C.
According to Statistics Canada, “the number of Indigenous people reporting an Indigenous language as the language they first learned at home in childhood continues to decline,” and those who do, are mostly over 65 years old.
This decline is a direct consequence of the colonial violence that Indigenous Nations were subjected to all throughout the continent. From Canada to the U.S. and Mexico, from Panama to Brazil, Indigenous Peoples have been and continue to be dispossessed, not only of their lands and resources, but also of their knowledge systems and cultural traditions.
Colonial systems of forced assimilation, such as the Residential Schools in Canada, or the Indigenista education policies in Latin America, deprived entire generations of Indigenous children of their languages. These were deemed to be somehow inferior to English, French, Spanish or Portuguese, and were violently suppressed as supposed remnants of a primitive past.
The underlying assumption in our modern societies is that academic and professional knowledge should be encoded in Western languages. Indigenous children are still left with no other choice but to adopt a colonial language if they want to navigate through the formal school system. There are few, if any, schools where Indigenous children can receive instruction in their own language. Indigenous languages are still assumed to be tied to a past that is withering away. Some argue that languages should be documented before they die, assuming that they will in fact disappear.
For many Indigenous people, however, native languages are neither a remnant of the past, nor destined to succumb.
Nevertheless, the sense of urgency remains. The threat is real.
Published in: https://www.straight.com/city-culture/why-you-should-care-about-indigenous-languages
lunes, 24 de diciembre de 2018
La gente ya no habla con la tierra
lunes, 29 de octubre de 2018
A propósito de la consulta nacional...
lunes, 12 de septiembre de 2016
A propósito de la familia
¡El mundo al revés! Una expresión de odio se enmascara en un discurso de amor. La intolerancia y el rechazo a la familia se disfraza de defensa de la familia. Enarbolando la bandera de una supuesta "familia natural", la buena sociedad sale a las calles a condenar toda forma familiar que no se ajuste a sus dictados religiosos.
La familia es la base de la sociedad, se les escucha decir. Yo me pregunto, ¿qué tipo de familia? ¿Las familias conformadas por padres solteros? ¿Las familias de madres solteras? ¿Las familias conformados por un hombre y una mujer sin hijos? ¿Las familias conformadas por abuelos y nietos? ¿Las familias conformadas por dos hombres sin hijos? ¿Las familias conformadas por dos mujeres sin hijos? ¿Las familias conformadas por dos padres y un hijo? ¿Las familias extendidas?
La familia ha adoptado una gran diversidad de formas a lo largo de la historia de la humanidad. Baste recordar a los griegos en la antigüedad, para quienes la homosexualidad era la norma. Los hombres, además de su esposa, tenían un amante del mismo sexo, lo cual no sólo era visto con normalidad, sino que era esperado en la conformación de una familia. Veamos también a las familias tribales, en las que no había una relación privada entre padre y madre biológica y el niño, pues los niños eran considerados los hijos de toda la tribu.
Estos y tantos más ejemplos son suficientes para desechar el argumento de una supuesta forma "natural" de la familia. No obstante, las masas que salieron a marchar, acríticas y manipulables, enarbolaban sin fundamento alguno la idea de lo "natural" para con ello condenar a los diferentes.
Es aquí donde me entra un poco de miedo. Esto que vivimos hoy es muy parecido a la demagogia que sirvió de base para la entrada del fascismo en la Europa de mediados del siglo XX. Ahí también, un Adolfo Hitler, aludía a lo natural, a la familia natural, blanca, aria, heterosexual. Y fue con ese discurso que logró enviar a la cámara de gas a homosexuales, lesbianas, judíos, negros y otros tantos que no se ajustaban a su concepto de lo "natural". En los EEUU, el Ku Kux Klan también argumentaba la supuesta "ley natural" para cometer actos de odio y violencia racial. Muchos negros, hispanos y homosexuales han sido asesinados por este grupo al no ajustarse a lo que ellos definieron como "natural".
Es verdaderamente peligroso cuando alguien habla de una supuesta "ley natural" para justificar posturas ideológicas muy específicas, pues con ello pretende justificar cualquier tipo de agresión en contra de quien se le consigna como "antinatural". Todos aquellos que enarbolan este concepto de "familia natural", habría que preguntarles: ¿quién define lo que es natural y lo que es antinatural? ¿Quién tiene la potestad para hablar por la naturaleza?
Este discurso que está cobrando fuerza, es producto de la manipulación de los grupos de poder en la ultraderecha, quienes buscan imponer como ley jurídica, algo que es producto de una ideología conservadora. ¡Vaya retroceso histórico! Tanto que ha costado la lucha por los derechos humanos, por la no discriminación, y hoy, con la mano en la cintura, vienen los representantes de la versión mexicana del Ku Klux Klan a querer regresar a una época de odio y xenofobia.
Vale la pena revisar el artículo 1 constitucional que explícitamente prohibe la discriminación por motivos de orientación sexual. La misma Constitución en su artículo 4 protege a la familia como un derecho de todos los hombres y mujeres. ¡Qué gran violación a los derechos humanos de los homosexuales si se les impide la protección del artículo 4, sólo por su preferencia sexual!
Pero esto no sólo lo digo yo, lo dice también la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Afortunadamente, existen ya numerosas tesis jurisprudenciales en las que el máximo tribunal en México se pronuncia a favor del matrimonio igualitario. Según la jurisprudencia 85/2015, la definición legal del matrimonio como una institución entre un hombre y una mujer, "vulnera los principios de igualdad y no discriminación contenidos en el artículo 1o. de la Constitución al excluir injustificadamente a las parejas del mismo sexo de dicha institución". Esta misma jurisprudencia establece claramente que en términos legales no existe tal "familia natural", y que lo que la Constitución protege en su artículo 4o. es "la familia como realidad social, es decir, todas las formas y manifestaciones de familia que existen en la sociedad, entre las que se encuentran las homoparentales conformadas por padres del mismo sexo con hijos (biológicos o adoptivos) o sin ellos".
¡Efectivamente! La familia es una realidad social, es un constructo histórico, es algo que existe en sus diversas manifestaciones, y no puede reducirse a un "modelo ideal" que sólo existe en los discursos mojigatos del clero y los sectores de ultraderecha en la iglesia católica. La familia es algo real, no algo imaginario. ¡Y por supuesto que existen familias formadas por parejas homosexuales! Pretender negarles el matrimonio es negar algo que es una realidad, y con ello negar derechos consagrados.
La tesis jurisprudencial 86/2015 establece claramente que "las normas civiles que impiden a las parejas del mismo sexo el acceso a la institución matrimonial producen una doble discriminación, pues no sólo se les priva a las parejas homosexuales de los beneficios expresivos que comporta el matrimonio, sino también de los materiales; exclusión que pudiera incluso llegar a afectar a sus hijos al colocarlos en un plano de desventaja respecto de los hijos de parejas heterosexuales".
Pero... ¿Y el derecho de los niños? Gritan inmediatamente los representantes de la "buena sociedad" católica. ¡Si los niños son adoptados por parejas homosexuales se estaría violando sus derechos! ¿No es así?
La respuesta obligada es una nueva pregunta. ¿Exactamente qué derechos de la niñez se estarían violando? El mismo artículo 4o. constitucional establece claramente que "los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral." ¿Qué parte de estos derechos se viola cuando una pareja homosexual adopta un niño o una niña? En todo caso, estos derechos son violados cuando un padre, madre o tutor (homosexual o heterosexual) ejerce violencia contra sus hijos, o no les provee una buena alimentación, una buena educación, una buena salud. ¿Qué decir de la gran cantidad de niños que viven en familias disfuncionales de padres heterosexuales, que viven en situación de violencia y en condiciones precarias? ¿Por qué los representantes de la "buena sociedad" no dicen nada al respecto? ¿Por qué los "defensores de la familia" no salieron a marchar cuando se destaparon los numerosos casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes en contra de niños indefensos?
¿Cuál es entonces el gran daño que se hace a los niños al ser adoptados por parejas homosexuales? ¿Se les genera un daño psicológico? A la fecha no existe un sólo estudio válido que permita sostener que existe tal daño. Por el contrario, existen numerosos estudios que demuestran que no hay diferencia en la crianza de un niño por padres homosexuales o padres heterosexuales. La Asociación Americana de Psicología concluyó en el 2004, que "la creencia de que los adultos gays o lesbianas no pueden ser padres competentes no tiene base empírica. No se han encontrado diferencias significativas entre mujeres lesbianas y heterosexuales en la manera de criar a los hijos. Se ha encontrado que los miembros de parejas gays y lesbianas con hijos se reparten igualitariamente la atención a los niños y están satisfechos con sus relaciones de pareja. Los resultados de algunos estudios sugieren que las habilidades de crianza de los padres gays y las madres lesbianas pueden ser superiores a las de los padres heterosexuales. No hay base científica para concluir que los padres gays y las madres lesbianas puedan no ser padres competentes debido a su orientación sexual. Por el contrario, los resultados de la investigación sugieren que los padres gays y lesbianas tienen tanta probabilidad como los padres heterosexuales de proporcionar ambientes sanos y protectores para sus hijos."
¿Entonces? Si la orientación sexual de los padres no dice nada sobre sus posibilidades de crear ambientes sanos para la crianza, y para el ejercicio del derecho de los niños a la salud, alimentación, educación y desarrollo integral; Si los estudios han comprobado que no sólo no existe daño en los niños que son criados por parejas homosexuales, sino que las habilidades de crianza de los padres y madres homosexuales podrían ser superiores a la de los padres heterosexuales; Entonces, ¿cuál es el argumento que justifique una oposición a la adopción de niños por parte de parejas homosexuales?
¿Es que los niños criados por homosexuales se van a volver también homosexuales? Y si los niños crecieran y optaran por la homosexualidad... ¿esto sería algo malo? ¿Qué no establecimos ya que la homosexualidad no es algo malo? ¿Qué no está prohibida la discriminación en la Constitución? ¿Decir que una identidad sexual es buena y otra es mala no es una expresión de discriminación?
¡No! No tiene nada de malo ser homosexual. No es un daño, no es una enfermedad, no es síntoma de inestabilidad psicológica o emocional. ¿Entonces cuál es el problema con que un niño opte por esta identidad sexual?
Pues bien, aun admitiendo que no hay nada malo en que un niño crezca y opte por la homosexualidad, es necesario decir que esto ni siquiera es así. Es decir, no hay ninguna razón por la que un niño criado por homosexuales tenga más o menos probabilidades de ser homosexual. La orientación sexual de los padres o madres no define la orientación sexual de los hijos o hijas. La orientación sexual no es algo que "se pega". La orientación sexual es una condición o una decisión individual. En todo caso, los niños que crecen en familias igualitarias, sin prejuicios de ningún tipo, serían más libres para explorar su propia identidad. Por el contrario, es muy común ver en familias de padres heterosexuales con fuertes prejuicios, niños que crecen reprimidos y sí, con altos grados de estrés psicológico y emocional por no poder vivir y expresar libremente su individualidad y sus preferencias sexuales.
Es claro que el discurso sobre esa supuesta "familia natural" se reduce a un mero exabrupto de los sectores más conservadores de la iglesia católica. Es obvio que se trata de un exabrupto sin fundamentos legales, científicos o históricos. Es un movimiento retrógrada que busca imponer una visión religiosa a la sociedad, pasando por encima del Estado de Derecho y del Estado Laico.
Esto no sería merecedor más que de una mirada de desaprobación, si no fuera por el gran número de personas que han caído en este discurso manipulado. Este sector de ultraderecha ha azuzado los miedos y las inseguridades de la "buena sociedad", canalizándolos en contra de un sector de la población que no se ajusta a sus modelos conservadores. El resultado es un discurso de odio que parece tener eco en una gran parte de la población. Sin duda, se trata de una fórmula muy peligrosa.
Apelo pues a la consciencia histórica y espero que no sea este indicio de una nueva entrada a la época del oscurantismo.
Dejemos ya los discursos de odio, xenofobia y rechazo a la diferencia. Es hora de empezar a actuar desde el amor y la aceptación.